Para poder dormir y descansar, lo mejor es trabajar. Quien no trabaja, lo paga y no descansa. El mejor aperitivo, el más barato y sano, es haber trabajado y no comido.
Si cierras las garras, abrirás las ganas. Pereza no es pobreza, pero por ahí empieza. Trabajo y economía, la mejor lotería. Pan ganado, sabe sagrado. Por el buen trabajo cada día, llegan arriba los que está abajo.
Por la calle del Holgar se va a la plaza del Mendigar. ¿Nunca estoy tan ocupado como cuando estoy ocioso? La ociosidad es la madre de todos los males y maldad. No están los tiempos y edades para vaguedades y ganduleos.
¿Que cada uno cobre según lo que obre? A huelga de brazos, huelga de estómago. No obstante, conviene llegar a observar, es evidente, que ni brazos ni estómagos son todos del mismo grado o idénticamente aptos para algo.
El trabajo con apaño:
Si trabajas muy cansado, multiplicas tu cansancio. Pocas ganas de hacer gimnasia le quedan al que trabaja.
Quien no siembra, ni siega ni cosecha. No hay harina sin molida, ni pan sin afán. Nadie sube al tejado sin peldaños o sin algo.
Acude a tu oficio; todo lo demás, vicio. Faena concluida no mete prisa. ¿Llevar las cosas con rigor, no siempre lo mejor? Haz bien tu deber y nada que temer.
A mayor y mejor seguridad, más tranquilidad; a mayor y mejor tranquilidad, más laboriosidad; mayor y mejor laboriosidad, más productividad; a mayor y mejor productividad, ¿más competitividad? ¡Menos necesidad!
Si consideramos como hermanos reales a los trabajadores e interventores totales de la empresa, y todos ellos miembros de la misma familia única, no tiene razón de ser (y hasta resulta ridículo) mantener el salvaje lenguaje de la competitividad. En su lugar han de prevalecer, como nobles valores y estímulos, la responsabilidad y la solidaridad.
La diversión de la labor:
Si cada uno se consigue colocar según su gusto y afición, la ocupación se puede transformar en diversión. Del apaño y el calor, a la labor y al agrado. Uno no falta del tajo del trabajo, si bien se le trata y mejor se lo pasa.
No hay Cielo sin mérito. El negocio del ocio no es honroso para el humano. El trabajo ha de ser, y es posible, honrado y asequible.
No sólo se llegará, a no tardar, a dar palo al paro sino, además, a faenar o realizar la actividad tanto con facilidad como con felicidad.
1 comentario:
El trabajo con agrado
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La tarea que interesa:
Para poder dormir y descansar, lo mejor es trabajar. Quien no trabaja, lo paga y no descansa. El mejor aperitivo, el más barato y sano, es haber trabajado y no comido.
Si cierras las garras, abrirás las ganas. Pereza no es pobreza, pero por ahí empieza. Trabajo y economía, la mejor lotería. Pan ganado, sabe sagrado. Por el buen trabajo cada día, llegan arriba los que está abajo.
Por la calle del Holgar se va a la plaza del Mendigar. ¿Nunca estoy tan ocupado como cuando estoy ocioso? La ociosidad es la madre de todos los males y maldad. No están los tiempos y edades para vaguedades y ganduleos.
¿Que cada uno cobre según lo que obre? A huelga de brazos, huelga de estómago. No obstante, conviene llegar a observar, es evidente, que ni brazos ni estómagos son todos del mismo grado o idénticamente aptos para algo.
El trabajo con apaño:
Si trabajas muy cansado, multiplicas tu cansancio. Pocas ganas de hacer gimnasia le quedan al que trabaja.
Quien no siembra, ni siega ni cosecha. No hay harina sin molida, ni pan sin afán. Nadie sube al tejado sin peldaños o sin algo.
Acude a tu oficio; todo lo demás, vicio. Faena concluida no mete prisa. ¿Llevar las cosas con rigor, no siempre lo mejor? Haz bien tu deber y nada que temer.
A mayor y mejor seguridad, más tranquilidad; a mayor y mejor tranquilidad, más laboriosidad; mayor y mejor laboriosidad, más productividad; a mayor y mejor productividad, ¿más competitividad? ¡Menos necesidad!
Si consideramos como hermanos reales a los trabajadores e interventores totales de la empresa, y todos ellos miembros de la misma familia única, no tiene razón de ser (y hasta resulta ridículo) mantener el salvaje lenguaje de la competitividad. En su lugar han de prevalecer, como nobles valores y estímulos, la responsabilidad y la solidaridad.
La diversión de la labor:
Si cada uno se consigue colocar según su gusto y afición, la ocupación se puede transformar en diversión. Del apaño y el calor, a la labor y al agrado. Uno no falta del tajo del trabajo, si bien se le trata y mejor se lo pasa.
No hay Cielo sin mérito. El negocio del ocio no es honroso para el humano. El trabajo ha de ser, y es posible, honrado y asequible.
No sólo se llegará, a no tardar, a dar palo al paro sino, además, a faenar o realizar la actividad tanto con facilidad como con felicidad.
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