¿Qué es la vida? ¿Un sueño? ¿Una pesadilla? ¿Un mal cuarto de hora, si acaso con algún buen segundo?
En la vida, en general, las alegrías son fugaces; y las penas, tenaces. Nuestra existencia suele ser como un entramado o tejido de luces y sombras; pero las sombras, de sobras.
Apariencia y trascendencia son las dos caras de una misma vida (de la vida misma), tal y como lo entiende y concibe la inteligencia.
La apariencia:
Corresponde a lo observado y a lo observable. La vida es una lucha contra la gravedad, contra la brevedad y contra la sociedad.
Nuestra vida de relación no es ciertamente una cuestión de listos y de tontos, sino, literalmente, un tratado de honrados y de sinvergüenzas.
Aún hoy, la subsistencia de la mayor parte de los humanos (pobres y míseros, ignorantes y un tanto salvajes...) más bien equivale a una cerrada contienda a muerte constante (abiertamente activa, casi primitiva todavía) que angustia, asusta y retuerce. ¡Impresionante (barbarie)!
La trascendencia:
Flota en el ambiente, salta a la vista, da sentido y sentimiento a la vida, despeja el horizonte, aclara la mente y sosiega el espíritu. ¡Qué (buena) suerte!
Y, tras el pasajero devenir de la terrena, una nueva y verdadera vida (eterna y concordante, tanto con la presente como con la antecedente...) nos espera a la vuelta de la esquina, se adivina...
1 comentario:
La diva de la vida
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¿Qué es la vida? ¿Un sueño? ¿Una pesadilla? ¿Un mal cuarto de hora, si acaso con algún buen segundo?
En la vida, en general, las alegrías son fugaces; y las penas, tenaces. Nuestra existencia suele ser como un entramado o tejido de luces y sombras; pero las sombras, de sobras.
Apariencia y trascendencia son las dos caras de una misma vida (de la vida misma), tal y como lo entiende y concibe la inteligencia.
La apariencia:
Corresponde a lo observado y a lo observable. La vida es una lucha contra la gravedad, contra la brevedad y contra la sociedad.
Nuestra vida de relación no es ciertamente una cuestión de listos y de tontos, sino, literalmente, un tratado de honrados y de sinvergüenzas.
Aún hoy, la subsistencia de la mayor parte de los humanos (pobres y míseros, ignorantes y un tanto salvajes...) más bien equivale a una cerrada contienda a muerte constante (abiertamente activa, casi primitiva todavía) que angustia, asusta y retuerce. ¡Impresionante (barbarie)!
La trascendencia:
Flota en el ambiente, salta a la vista, da sentido y sentimiento a la vida, despeja el horizonte, aclara la mente y sosiega el espíritu. ¡Qué (buena) suerte!
Y, tras el pasajero devenir de la terrena, una nueva y verdadera vida (eterna y concordante, tanto con la presente como con la antecedente...) nos espera a la vuelta de la esquina, se adivina...
¡Viva (bien) la vida!
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